Discurso de Lorca en la inauguración de la Biblioteca de Fuente Vaqueros

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Septiembre de 1931. Inauguración de la primera Biblioteca Pública de Fuentevaqueros, un pueblo de la Vega de Granada. El poeta más internacional del momento, Federico García Lorca, nacido allí, comienza su discurso con emoción en la garganta “Antes que nada yo debo deciros que no hablo, sino que leo”. Así comienza uno de los discursos más bonitos que jamás se haya pronunciado. Conmueve escuchar el primer temblor de la voz de un poeta ya experimentado en recitales y presentaciones. Toda esa experiencia deja de importar cuando estás ante tu pueblo, poniendo en pie un edificio que representa lo único en lo que crees “¡Libros!, ¡Libros! He aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor”.

Durante el vibrante discurso, Federico defendió el poder de la literatura y la cultura en el desarrollo de la civilización y de los individuos: “No solo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle, no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro […] Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan […] porque lo contario es convertirlos en máquinas”.

En estas maravillosas palabras, Federico resume todo su legado, el objetivo de su vida y el de una generación. Traer la alegría y la cultura a España para modernizarla y ponerla al mismo nivel que Europa. Por eso, en el 83 aniversario de su fusilamiento, el mejor homenaje que podemos hacerle es recordar sus propias palabras.

Federico García Lorca: amor a la cultura

Nuestro poeta universal nació en Fuente Vaqueros, un pueblo de la Vega de Granada. A pesar de que su familia tenía una posición acomodada, disfrutaba de la compañía de las criadas y la gente del pueblo. De hecho, su educación estuvo muy ligada a la voz de su madre, Isabel, que le leía en voz alta cuando era un niño y a la de las mujeres que trabajaban en su casa. Y quizá también a los silencios de estas últimas, ya que disfrutaban las lecturas de su madre como él mismo. Con el tiempo, el niño Federico aprendió a leer, pero la gente pobre, la mayoría, permanecía analfabeta.

El poeta y dramaturgo, sabio como pocos, supo darse cuenta de que aquellas mujeres y hombres tenían el deseo innato de saber, pero no los medios. Por eso, en cuanto se instauró la República se embarcó en un proyecto precioso, la Barraca: un grupo de teatro universitario que llevaría las obras clásicas a los pueblos, a la gente más humilde, a quienes tenían hambre de saber, pero no tenían cuchara, a quienes “por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión”, afirmaba en el discurso de la inauguración de la biblioteca de su pueblo.

Federico García Lorca había convivido en su casa con esa hambre de saber, pero también la había visto fuera de ella. Durante su juventud, había recorrido la España más rural, donde pudo comprobar cómo, para mucha gente, la vida era un espacio entre la vida y la muerte y en medio, solo había trabajo. Una existencia que él mismo calificaba aquel día de septiembre de 1931 “muerta como un molino que no muele, muerta porque no tiene amor, ni un germen de idea, ni una fe, ni un ansia de liberación, imprescindible en todos los hombres para poder llamarse así”.

La biblioteca que estaba inaugurando representaba la revitalización de su pueblo natal. “Por eso, yo me siento lleno de satisfacción en este instante y me dirijo a los que tienen fortuna pidiéndoles que ayuden en esta obra, que den dinero para comprar libros como es su obligación, como es su deber. Y a los que no tienen medios, que acuden a leer, que acudan a cultivar sus inteligencias como único medio de su liberación económica y social”. Y así lo hizo él mismo, pidiendo libros a la Residencia de Estudiantes, donde él había estudiado, y a editoriales amigas.

Federico García Lorca sigue vivo

El poeta granadino comparaba la muerte con “un molino que no muele”. Si esto es así, si la vida es, por tanto, “sentimiento artístico y sentido de la alegría”, podemos afirmar que Federico García Lorca está vivo y que, a pesar de cómo murió, aún sigue haciendo esa revolución silenciosa, que es la de los libros y la de la cultura: “ni los ejércitos, ni el oro, ni las llamas pueden contra ellos; porque podéis hacer una obra, pero no podéis cortar las cabezas que han aprendido de ella porque son miles, y si son pocas ignoráis dónde están”. Para CICERONE y todos los amantes de la obra del poeta, esas palabras son un faro, porque el espíritu renovador que quiso sembrar está presente en cada uno de nosotros.

La experiencia nos dice que no somos los únicos. Personas de todo el mundo y de todas las edades llegan a Granada todos los días con Federico García Lorca en la cabeza. Sus obras de teatro se representan y se reinterpretan aún en muchos países, sus poemas se recitan y se cantan… su amor por la vida, por toda la vida, por los marginados también, los gitanos y los negros, la mariposa y por el abejorro llega hoy a todas partes. Sigue moviendo y removiendo las conciencias. Nos hace querer ser mejores, trabajar con más generosidad “los hombres no trabajamos para nosotros sino para los que vienen detrás”, “egoísmo quiere decir esterilidadad.”

Para nosotros, es un honor y un placer indescriptible poder mediar entre la voz del poeta y quienes vienen a visitarnos. Sentimos que formamos parte de su proyecto de difusión de la cultura entre los que tienen hambre de saber. Además, nos sentimos muy orgullosos de hacerlo en su ciudad, en Granada, una ciudad tan distinta que tiene que él supo interpretar tan bien.

Ahora nos toca a nosotros. Y tomamos el testigo. Nos toca a nosotros interpretar y dar valor a la cultura de Granada. Así, contando cada día quiénes hemos sido, estamos construyendo un “quiénes somos” y “quiénes seremos” mejor y más alegre. Remitiéndonos a las palabras de Federico García Lorca, “donde hay ignorancia es muy fácil confundir el mal con el bien y la verdad con la mentira”, salimos todos los días a las calles de nuestra Granada querida, contentos de participar en un proyecto mucho más grande que no nosotros: acercar la cultura a quienes la buscan y dar vida a las calles de Granada.