Washington Irvin en Granada: literatura y compromiso

Uno de los libros más leídos sobre la Alhambra es Cuentos de la Alhambra, de Washington Irvin. Sin duda, es un libro esencial para los amantes del palacio nazarí. Sin embargo, la huella de Washington Irvin en Granada es más ancha, ¿sabías que fue fundamental en la recuperación de la Alhambra? ¿Que fue el precursor del Libro de Visitas?

Washington Irvin y sus inicios en la literatura

 El siglo XIX es el siglo del Romanticismo. Una época en la que la gente comenzó a luchar por ser dueños de su propio destino. Para conseguir dicha libertad, muchos se refugiaron en el arte y la literatura. Es el caso de Washington Irvin. Este nació en Nueva York, en el seno de una familia acomodada de origen británico. Esto último es importante porque en la educación de las clases altas británicas, el viaje era fundamental. Pensaban que era necesario para el proceso de maduración de sus hijos. De hecho, esta costumbre procede de lo que se llamó el “Grand Tour“, del que tenemos noticias por primera vez en el siglo XVII.

En el caso de Irvin, desde pequeño había manifestado un gran interés por la literatura y el periodismo. Leía sin parar, aunque Las mil y una noches y Robinson Crusoe dejaron una impronta especial en él. Que fueran esos libros y no otros dice mucho de su carácter. Sin embargo, su padre quería que trabajara en los negocios familiares, así que estudió Derecho. Después de terminar la carrera, llegó el momento del Grand Tour. Viajó por Europa durante dos años (1804-1806), concretamente, por Francia, Italia, Suiza y España. Cuando volvió a Nueva York, fundó una empresa con sus hermanos. Pero su vocación por la escritura ya era imparable.

En 1802 aparecieron sus primeros artículos en un periódico local, como el Morning Chornicles, editado por su propio hermano. En 1809 publicó Historia de Nueva York contada por Dietrich Knickerbocker. Este libro supuso su primer éxito. Tanto es así que se comenzó a llamar a los neoyorquinos de origen holandés por el nombre del protagonista de la novela. Continuó su carrera como periodista en Analectic Magazine hasta 1814.

En 1815, las obligaciones empresariales le obligaron a volver a Europa, a Liverpool, donde entró en contacto con personalidades tan importantes como Walter Scott. La compañía que había fundado con su hermano quebró. Fue la oportunidad perfecta para dedicarse completamente a la literatura. Asimismo, tras la muerte de su madre, decidió quedarse en Europa. No volvió a EEUU hasta 1832.

Washington Irvin llega a Granada

Entró en un periodo muy fértil en lo literario, con la publicación de The Sketch Book of Geoffrey Crayon, La leyenda de Sleepy Hollow y Rip Van Winkle. Como veis, su trabajo estaba muy en la línea del gusto romántico por lo misterioso y de lo tenebroso, para ligarlos a la Historia y a las raíces de los pueblos. Del mismo modo, también sentía un especial interés por Andalucía y su vinculación con las culturas orientales. Los románticos la veían como un lugar exótico dentro de Europa, llena de cuentos y leyendas donde refugiarse. Al mismo tiempo, también estaban seguros de que esos misterios escondían la esencia del espíritu de los pueblos. Esto explica que buscara cualquier excusa para poder viajar a al sur de España: algo que le fue mucho más fácil cuando lo nombraron cónsul. Fue así como llegó a Granada.

Con el pretexto de hacer una investigación sobre Cristóbal Colón, pudo quedarse en Sevilla y acceder al Archivo de Indias. Como resultado, publicó Una historia sobre la vida y viajes de Cristóbal Colón.  Desde allí, recorrió diferentes ciudades andaluzas, entre las que se encontraba Granada. Pudo venir dos veces, pero fue en su segunda visita a Granada cuando estuvo viviendo en la propia Alhambra, desde el 4 de mayo al 29 de agosto de 1829. No lo hizo solo, sino que vino acompañado de su amigo, el príncipe ruso Dolgorouki.

Washington Irvin vive en la Alhambra

La Alhambra de 1829 no era como la conocemos hoy. Estaba abandonada y habitada por vagabundos o viajeros que, como él, encontraban fascinante el Palacio Andalusí. Esto les sorprendió mucho. Pero lo que más les sobrecogió fue ver las paredes de la Alhambra llena de pintadas. Muchos viajeros inmortalizaban la fecha de sus visitas de esta manera. Irvin se dio cuenta de la barbaridad que aquello constituía. Como buen rebelde, decidió luchar por la preservación y reconstrucción de la Alhambra.

Así, durante esta segunda estancia en Granada, no solo se bañaba en las piscinas de los patios de la Alhambra o desayunaba junto a su amigo en el Patio de los Leones. También paseó por el Albaicín, en busca de la leyendas y cuentos populares que giraban en torno al monumento. Ya tenía cierto conocimiento por sus estudios hispanistas, pero la cultura popular alimentó su imaginación y su pluma. Al mismo tiempo, fortaleció su idea de que la Alhambra merecía mucho más de lo que las autoridades le estaban dando.

Por tanto, el príncipe ruso y el diplomático americano decidieron regalar el Primer Libro de Visitas de la Alhambra. Querían que los visitantes y viajeros pudieran dejar su firma allí y no en los impresionantes muros del Palacio. Además, consolidado como periodista, hispanista y diplomático, escribió artículos en los que explicaba la necesidad de la recuperación de la misma y de darle el lugar en la historia de Granada y de la Humanidad que le correspondía.

Si bien Los cuentos de la Alhambra sirvieron para que Europa se sintiera aún más atraída por las leyendas que atesora el Palacio, aquel primer libro de visitas sentó un referente: hoy permanece la costumbre de inmortalizar nuestras visitas de este modo. Además, su compromiso con el monumento fue esencial para que Granada tomara conciencia del valor del monumento. Si hoy sabemos lo que sabemos de la Alhambra, si hoy está entre los tres monumentos más importantes de Europa, en gran parte, se lo debemos a este romántico americano y al apoyo de su amigo Dolgorouki.