El Gran Capitán en Granada: el soldado más astuto y fiel a la Corona

Cada época tiene sus propios valores. En el siglo XV, el honor era lo primero. Y para defender tu honor y mostrarlo, tenías que hacer algo muy difícil: darlo todo por la gloria de tu reino y de tus reyes. El Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, fue un maestro en esto. Vivió toda su vida con Castilla en el corazón. Pero, además de ser un excelente soldado, todos los que lo conocieron destacaban otra cualidad: su compasión y su bondad. ¿Creerías que Boabdil, el último rey musulmán de Granada, se rindió a sus pies y acabó siendo su amigo? Esto nos da una pista de la talla como persona del Gran Capitán y de por qué una de las calles principales de Granada se llama así, “Gran Capitán”, ¿quieres conocerlo?

Quién fue el cordobés que ofreció su vida a los Reyes Católicos

En el siglo XV, uno nacía donde nacía y en función de eso, tenías que cumplir tu deber. Gonzalo Fernández de Córdoba era primo de Fernando el Católico. Como tal, su vida solo podía tener una finalidad: defender a sus reyes y aumentar su poder, como hicieron personajes tan legendarios como el mismísimo Ivanhoe. Así, siendo todavía un niño, entró en la corte como paje real de Enrique, un hermano de Isabel la Católica. Desde entonces, sirvió a la Corona con una lealtad férrea, pero siempre destacando por su humildad y buen corazón.

Tanto es así que, ante la deslealtad de los nobles que conspiraron contra La Corona, Isabel la Católica entró en una lucha encarnizada con por hacerse con el trono. El fiel Gonzalo Fernández de Córdoba, defendió a Isabel, con la espada y a su habilidad para la estrategia militar. Tras esta muestra de honra, por supuesto, Isabel lo ascendió y se convirtió en su sombra y en su hombre de confianza en el campo de batalla. Una vez que vio el trono asegurado, Isabel inició el proceso de Reconquista: la recuperación de territorios para Castilla y la fe católica.

Las intrigas palaciegas persistían. Llegaron al extremo de que se rumoreó que Gonzalo Fernández de Córdoba e Isabel la Católica tenían una relación demasiado estrecha. No obstante, la devoción de la eran  reina tan conocida que pocos creyeron aquellos rumores: la valía del Gran Capitán fue suficiente para entender por qué la reina más brillante que había habido en siglos se apoyaba en el militar más ingenioso y honrado de la corte. Aquella amistad tenía la finalidad de aumentar la grandeza de Castilla. Si algo supo hacer Isabel, fue elegir a la gente.

El Gran Capitán y la rendición de Granada

ideal.es

Tras cinco siglos de luchas por conquistar territorios para los reinos cristianos, en 1492 solo quedaba uno en manos de los musulmanes: el Reino Nazarí de Granada. Con el tiempo, habían ido debilitándose y los Reyes Católicos eran conscientes, especialmente Isabel, ¿sabías que perdió varios hijos porque viajaba a los puntos calientes de los conflictos? ¿Imaginas recorrer cientos de kilómetros a caballo estando embarazada y con los recursos médicos de esa época?

En aquellos puntos calientes siempre esperaba la misma persona: Gonzalo Fernández de Córdoba. Este le ponía al tanto de las conquistas, de los territorios ganados, así como de los problemas por resolver. Isabel seguía confiando en él a ciegas y lo hacía porque sus éxitos eran incuestionables: estrechaba día a día las fronteras entre Castilla y Granada. Además, no temía en ponerse en primera línea de batalla, con su armadura y su espada como única defensa en el cuerpo a cuerpo. Pero su fuerza no le impidió ver que lo más importante en la guerra era la estrategia y en eso, también era un genio. Supo combinar soldados, caballería e infantería de manera magistal. Y esa estrategia, no dudó en ser el primero en subir la muralla del enemigo, para apresar así en Loja a Boabdil, el último rey nazarí.

Es lógico que pienses que, durante el trayecto desde Granada a Castilla, la relación entre ambos fuera inexistente o brutal. Para nada. Gonzalo y Boabdil una hermosa amistad, porque el Gran Capitán supo tratarlo con la dignidad que merecía y Boabdil supo valorar esto y su voluntad de que la guerra fuera lo menos sangrienta posible. Finalmente, el último rey de Al-Andalus se arrodilló ante los Reyes Católicos, en señal de respeto.

El Gran Capitán después de Isabel la Católica

Cuando murió Isabel la Católica, si convulsa estaba la Península Ibérica, también lo estaba la situación europea. Decidido el continente a construir un Imperio Cristiano, las principales potencias en enfrentaron entre sí para conseguir convertirse en centro de dicho imperio. El enfrentamiento estuvo lleno de traiciones y alianzas, pero, por supuesto, también de enfrentamientos en el campo de batalla. De este modo, arrebatándose territorios unos a otros, conseguían demostrar sus fuerzas.

Gonzalo Fernández de Córdoba,-no podíamos dudarlo-, continuó siendo fiel a las Coronas de Castilla y de Aragón. Peleó en Italia y peleó en Francia para su honor y gloria. Los contrincantes eran poderosos y aunaban fuerzas. Así que el Gran Capitán volvió a cambiar la espada por la cabeza para reformar los ejércitos, disciplinarlos y modernizarlos, y poder estar a la altura de la misión que le habían encomendado. Y lo cumplió muy bien. Gracias a su buen hacer Carlos V de Alemania y I de Alemania, nieto de Isabel y Fernando, acabó convirtiéndose en el emperador, el César de la Cristiandad, en gran medida gracias a la labor realizada por el Gran Capitán. Ahora puedes visitar el palacio de Carlos V en Granada, construido porque su esposa se enamoró de nuestra ciudad cuando pasaron la luna de miel la Alhambra.

Sin embargo, entes, Fernando el Católico dudó sobre su honestidad. Creyó que el honrado caballero se había quedado con dinero. El Rey se lo pregunta directamente a través de una carta y Gonzalo se ofende tanto que decide retirarse a Loja, el pueblo de Granada que le dio la fama, junto a su familia, donde murió de unas extrañas fiebres.

La leyenda del Gran Capitán comienza en Granada y se alarga por toda Europa. Sus hazañas valieron muchas victorias y se ganaron muchas vidas, puesto que bajo sus estrategias y reordenamiento de los ejércitos siempre estaba el respeto a la vida y al enemigo. Dignificó la guerra como instrumento político. Además, vivió siempre bajo la premisa de la lealtad a su reino y a su propia conciencia. De nuevo, uno de los personajes más interesantes de la historia, vive su momento más pleno en Granada.