Plaza de Bib-Rambla

La plaza de Bib-Rambla (popularmente llamada entre los granadinos Bibarrambla) ha sido siempre la “principal”. Es lo más cercano que tiene Granada a la tipología de plaza mayor castellana y andaluza, aunque desprovista de soportales y de edificios de carácter público. Ello se debe a que, en realidad, se trata de uno de los espacios más transformados de la ciudad, de forma tal que su imagen refleja varias de las páginas más importantes de la historia urbana de Granada.

Su origen se remonta al periodo nazarí, como espacio abierto ligado a una de las puertas principales de la ciudad: la Bab al-Ramla o Puerta del Arenal. Tal espacio debió jugar un papel importante, por su proximidad tanto a la mezquita mayor como al núcleo mismo mercantil de abasto de la medina, con el Zacatín.

Aquel recinto sería pequeño para las normas y formas de vida de los castellanos. Por su excelente ubicación y sus posibilidades de ampliación fue objeto de reformas poco después de las capitulaciones de la ciudad en torno a 1495, cuando se habla de la plaza nueva de Bibarrambla. El año 1505 el rey Fernando el Católico la cedió a la ciudad como lugar para pasear y negociar, pero siendo aún pequeña el conde de Tendilla mandó derribar varias casas. Entre 1516 y 1519, se procede a ampliar la plaza de una forma regularizada. Tras su remodelación Bibarrambla alcanzaría un tamaño semejante al actual.

Era un amplio rectángulo al que se accedía por varias callejuelas ubicadas en los ángulos, salvo el arco de las Cucharas –abierto en 1519 para comunicar con Mesones.  El lado occidental, paralelo a la muralla nazarí contaba con el edificio consistorial de los Miradores, casas del conde de Tendilla y otras de la Inquisición, con ventanas o miradores.  La parte contraria fue ocupada por la Universidad –hoy Curia-, el palacio arzobispal y tiendas de la Alcaicería.

Desde principios del siglo XVI era el principal escenario festivo y de celebraciones públicas  de la ciudad: juegos ecuestres, fiestas de toros y cañas, el Corpus Christi, procesiones, juegos poéticos, autos de fe, proclamaciones regias, recibimientos de arzobispos y hasta ejecuciones públicas. También era el principal espacio para la venta de productos ambulantes, que en el siglo XVIII llegó a disponer de hasta 54 puestos de madera para venta de frutas y hortalizas.

En 1880 se creó un jardincillo cerrado por una verja, que, a su vez dio paso al monumento a Fray Luis de Granada, hoy en la plaza de Santo Domingo. Las últimas intervenciones de entidad tuvieron lugar bajo el gobierno de Gallego y Burín, en la década de 1940. Al mismo tiempo tuvo lugar la plantación de sus frondosos tilos y la recuperación de su función mercantil mediante quioscos, que hoy entonan bien con la farolería de la plaza, de la fundición hispalense de los hermanos Pérez, trasladados a Granada desde la Exposición Mundial de Sevilla de 1892.

Hoy día Bibarrambla sigue siendo un espacio celebrativo de importancia, en festividades locales como el día de la Cruz, y, sobre todo, como escenario de las Carocas del Corpus y de la procesión de la Tarasca.

La Fuente de los Gigantones

La más monumental de las fuentes exentas de Granada centra dignamente Bibarrambla, aunque en su origen no fue obra para uso público, sino para la clausura del extinguido convento de agustinos calzados.  Ya desmontada del claustro de San Agustín y trasladada, tras varias escalas en otras plazas y lugares de la ciudad a su actual emplazamiento en la Plaza Bib-Rambla.

La primera taza circular, apoya sobre la cerviz de cuatro seres antropomorfos. Estos “Gigantones” desnudos, dan a la fuente su nombre popular. Este remate sustenta la escultura en mármol blanco de Neptuno, con el Tridente en una mano y la otra levantada en ademán de saludo.

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