Basílica de San Juan de Dios

Fachada Basílica San Juan de DiosLa Iglesia Basílica de San Juan de Dios es la segunda de las construcciones de la Orden Hospitalaria en Granada junto al Hospital San Juan de Dios. Lo primero que conviene tener en cuenta, como valor peculiar de este templo, es la perfecta unión que se produce entre su estructura, ornato y repertorio iconográfico, ya que todo se realizó en apenas 25 años, dirigido todo por el arquitecto José de Bada. Las obras se iniciaron en 1734, terminándose las tribunas y coro en 1738 y la gran fachada en 1741; por su parte, los retablos, imágenes, pinturas y demás ornato se inicia en 1740, continuando con las obras del camarín hasta la finalización y bendición del templo, en 1757.

Al exterior podemos advertir su disposición oblicua a la calle, con un ángulo bastante pronunciado, desviación que sin embargo apenas se percibe al entrar en el interior ya que queda corregido por la disposición poligonal del vestíbulo.

La fachada está delimitada por dos torres rematadas en chapiteles de pizarra que flanquean la portada propiamente dicha. La calle central está presidida por el Santo Fundador, resuelta con severa dignidad y rostro doliente.

Sobre el arco de acceso los relieves de la Esperanza y la Caridad acompañan al emblema Hospitalario. Debajo de los medallones laterales, dos lápidas recuerdan la fecha de realización del templo, de 1735 a 1757. El frontón del remate está ocupado por un Dios Padre y encima, de nuevo,  el emblema de los Hospitalarios. La finura de los relieves y molduras se ve reforzada por la utilización de piedras de diversos colores, dando como resultado la portada más monumental de la Granada Barroca.

Espectacular visión del interior Barroco de la Basílica de San Juan de Dios

El interior presenta una disposición de cruz latina presidido por el gran retablo mayor y camarín con las reliquias del Santo. El coro semicircular, a los pies, acentúa el claro sentido escenográfico que tiene todo el templo.

Es propio del Barroco Pleno con acumulación de elementos como la infinidad de cornucopias, espejos, alabastros, repisas, guirnaldas, escudos, golpes de hojarasca, la profusión del dorado en molduras, arcos y pilastras, cuando no los ostentosos retablos, cuadros, esculturas y altares, complejo repertorio que ocupa toda la superficie de este interior. Difícilmente una o muchas fotografías nos permitirán hacernos una idea completa de los que supone la visión y vivencia de este interior.

El retablo mayor tiene una amplia calle central que acoge, de abajo arriba, el sagrario, encima de la ventana del camarín y más arriba un pequeño tabernáculo o segundo camarín con la imagen de la Inmaculada Concepción, a la cual está dedicado el templo. Los laterales del retablo quedan como ochavados para abrigar todo el conjunto. Los temas iconográficos están todos realizados en escultura.

Un elemento de especial interés arquitectónico, plástico y religioso es el camarín. Se accede por una intrincada escalera, con una rica baranda de maderas nobles y zócalo de mármoles y azulejos. Pasamos de aquí por el camarín propiamente dicho, estando dividido a su vez en dos estancias. La primera acoge la urna de plata con los restos de San Juan de Dios, protegida por un suntuoso tabernáculo de madera dorada. La cúpula y las paredes de la estancia están literalmente forradas por pinturas, entalles de hojarasca, espejos, paños recortados, estípites, medallones, guirnaldas y un sinfín de detalles ornamentales, pero nada es tan impresionante como los 180 relicarios de variadas forman, la mayoría Santos mártires y, en un lugar privilegiado, la cruz del Santo Fundador.

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