Monasterio de San Jerónimo

Claustro de San Jerónimo El Monasterio de San Jerónimo es una construcción que cambió el destino artístico y el desarrollo urbano de GranadaFue fundado en 1492 por los Reyes Católicos, dentro de su política de cristianización de la ciudad recién conquistada. Se ubica en lo que era un pago conocido como la Dar ibn-Murdi (la casa de ben Murdi). Dotado cuantiosamente por los Reyes con rentas y bienes, pronto empezó a levantarse un ambicioso edificio, tomando forma un primer claustro principal, terminado en 1519 y otro colateral terminado, al menos, en 1526. En 1521 los monjes se pueden establecer ya en el nuevo edificio. De la configuración del monasterio en sus primeros tiempos daría cuenta el embajador Navagiero, el cual visitó en 1526 cuando el viaje de bodas del Emperador Carlos V y la Emperatriz Isabel.  El segundo patio, uno de los primeros renacentistas de Granada, fue habilitado como residencia de urgencia de la Emperatriz Isabel en su visita nupcial a la Alhambra, tras un terremoto que la asustó mucho.

La figura del Gran Capitán en el monasterio de San Jerónimo

Fue construido en reconocimiento al que fuera su brazo derecho en la primera cristianización de la ciudad, el monje jerónimo fray Hernando de Talavera y se convirtió en un monumento transcendental por voluntad de la familia del Gran Capitán, don Gonzalo Fernández de Córdova. Al convertir su cabecera en capilla funeraria, Jacobo Florentino y Diego de Siloé sustituyeron el estilo gótico inicial por el renacentista, considerando que con este último se expresaban mejor los valores de la nueva nobleza cristiana en Granada. Desde los siglos XVI al XVIII su crecimiento espiritual y arquitectónico le llevan a configurarse como uno de los monasterios más notables de la ciudad, contando con varios patios y corrales, cuadras, bodegas, hospedería, y gozando de grandes posesiones rústicas, consiguiendo al mismo tiempo convertirse en uno de los polos de crecimiento urbano más significativos y aristocráticos de la Granada moderna. Con la llegada del convulso siglo XIX las cosas cambiaron radicalmente. Primero fue saqueado por las tropas francesas, la tumba del patrocinador profanada, sus banderas y objetos robados y las piedras del campanario utilizadas para hacer el Puente Verde.


Pero más perdió en la Desamortización de Mendizabal y las revueltas sociales decimonónicas, ya que pasó a ser cuartel militar; parte de sus patios, corrales y huertas fueron segregados y vendidos y su tesoro artístico quedó muy mermado. Pero no terminarían aquí sus penalidades. En 1926 sufrió un incendio que afectó principalmente a la cubierta del segundo patio, arrasando al derrumbarse todo cuanto había debajo, ardiendo asimismo la cúpula barroca de su escalera principal y el ala noroeste del claustro principal.  
En las últimas décadas ha recuperado su carácter monacal original, al pasar aquí las religiosas del extinguido monasterio de Santa Paula, incorporando al mismo tiempo su propio tesoro artístico.

Para acceder al monasterio, es mejor hacerlo por la calle rector López de Argüeta, gozando de esta manera de la mejor perspectiva de su compás empedrado y bordeado de acacias, cipreses, olmos, naranjos, magnolios, etc., y así, relajando nuestros pasos y remansándonos en el tiempo, nos iremos acercando poco a poco hacia el ángulo mágico que forman las portadas de la iglesia y del monasterio, ensambladas y separadas al mismo tiempo por su esbelta torre.

La construcción del monasterio de San Jerónimo

La iglesia, trazada seguramente por Enrique de Egas, según se desprende de su paralelismo con la Capilla Real, se inicia en 1519, pero cuando solamente estaba levantado el perímetro a una altura de unos 4 metros un hecho decisivo vino a cambiar su destino artístico. Doña María Manrique, Duquesa de Sesa y Terranova, viuda del Gran Capitán, solicita al Emperador Carlos V la cesión de la capilla mayor y crucero para enterramiento suyo y de su esposo. Las obras se inician en 1525, siendo contratado para dirigir las obras el escultor, pintor, ensamblador y arquitecto italiano Jacobo Florentino, que en sus trabajos de la Capilla Real de Granada había demostrado un hábil manejo de los nuevos repertorios renacentistas.

Capilla Mayor San JerónimoFlorentino muere al poco tiempo, en enero de 1526 y para continuar las obras es llamado el burgalés Diego de Siloé. Su aparición en este proyecto, en marzo de 1528, fue como un fogonazo que vino a alumbrar el panorama artístico de Granada en las décadas siguientes. Según el contrato inicial, Siloé debía diseñar, aparte de la cabecera, las rejas, el retablo mayor y los túmulos que habían de completar todo el programa conmemorativo. Al tiempo que dirigía la capilla mayor, continuó las obras del cuerpo de la iglesia.

En el interior del monasterio, a lo largo del tiempo, diversas familias ilustres granadinas fundaron capillas y patronatos particulares en todo el circuito del claustro mayor, siendo testigo de ello la serie de portadas que, junto con las realizadas para las dependencias de los monjes, constituyen un conjunto admirable, desde las más ornamentadas y platerescas a las de diseño manierista que alcanzan los inicios del siglo XVII. En el siglo XVIII se añadiría la suntuosa escalera y su portada pétrea que pone en la comunicación los dos pisos del claustro principal.

A pesar de la importancia monumental de lo conservado, el monasterio ha perdido dos patios, la hospedería y otras dependencias. El claustro principal del monasterio es casi cuadrado y de considerables dimensiones, con dos pisos y galerías de nueve arcos en cada lado que cierran un jardín central. Los arcos inferiores son de medio punto, los superiores lo son carpaneles con capiteles con distintos motivos ornamentales a base de animales y formas humanas entremezclados. Sobre los arcos centrales campean los escudos de los Reyes Católicos y del arzobispo Talavera. El jardín central fue replantado con naranjos en la restauración moderna, al modo que lo estaba en el siglo XVI según lo vio y relató Navagiero.

Alrededor del primer claustro se distribuyen las dependencias habituales de un monasterio, como son el refectorio o comedor y la sala de profundis o antesala-capilla, la sala capitular, además de otras habitaciones y capillas o altares para enterramiento.  

El segundo claustro, es la actual clausura de las monjas y por tanto está excluida de la visita turística, pero se puede atisbar por un pasillo junto a la escalera principal. Terminado con anterioridad a 1526, este patio puede considerarse como uno de los primeros renacentistas de Granada. Los que quieran conocer su capilla privada, acompañar a las monjas en su misa diaria, deberían madrugar bastante, pues la celebran rayando el día.

La Iglesia de San Jerónimo

La iglesia es uno de los edificios de mayor calado artístico y originalidad de los existentes en Granada. La cabecera es el elemento de mayor fuerza dinámica y expresiva. Como expresión pública de dominio y propiedad aparecen sobre el paño central un gran escudo de los Fernández de Córdoba sostenido por guerreros, con una cartela que se lee: “GONSALO FERDINANDO A CORDUBA MAGNO HISPANORUM DUCI GALLORUM AC TURCARUM TERRORI”. En los paños colaterales aparecen medallones con los retratos idealizados de María de Manrique (Duquesa de Sesa) y del Gran Capitán.

Retablo san JerónimoLa belleza de esta cabecera se ve amenizada por un entorno de respeto, pequeño pero bastante agradable, con unos naranjos que en mayo nos regalan su aroma inconfundible.

El interior de la iglesia presenta en planta la configuración denominada de tipo franciscano, característica del último gótico español. Consta de una nave, crucero sin sobresalir de los muros y cabecera poligonal. La alta nave aloja cuatro capillas laterales a cada lado y se cubre con bóveda de crucería sencilla. A los pies destaca el amplio coro.

La mayoría de las capillas laterales fueron enterramientos de familias ilustres y ahora acogen diversos retablos barrocos, altares e imágenes como la Soledad, un bello rostro atribuido a Pedro de Mena. A media altura, podemos admirar, sobre sendas tribunas a los lados del coro, dos órganos barrocos, con sus cajas adornadas con bellas tallas.

La obra insigne de la iglesia es la capilla mayor y el crucero, permitiendo valorar este templo como único en el arte granadino y uno de los más inspirados del Renacimiento español. En los laterales del crucero hay unos retablos hechos en piedra con tres hornacinas que acogen guerreros y grandes escudos de los patrocinadores, completándose con angelotes, máscaras y figuras de Virtudes: Fe y Esperanza, en el izquierdo, y Fortaleza y Justicia en el de enfrente. Llegando a las bóvedas, el repertorio plástico y simbólico se enriquece y convierte en discurso heroico.

La bóveda del presbiterio se divide en dos partes. La primera alberga relieves con santos y santas que destacaron por su carácter guerrero y esforzado como patronos y abogados del Gran Capitán y su esposa. En toda la capilla y retablo la dualidad masculina-femenina se plantea como un discurso explícito  y siempre disponiendo las figuras varoniles a la izquierda y las femeninas a la derecha, como corresponde al protocolo de jerarquía; así estarán también ubicados en los retablos los Duques. Todo históricamente coherente, retóricamente intachable, visualmente magnífico y obra señera del gran Diego de Siloé. Aunque no llegáramos a captar su mensaje simbólico, la mera contemplación de estas bóvedas es siempre un espectáculo admirable.

Destaca también el retablo mayor, que puede considerar el más grandioso y monumental de los realizados en el siglo XVI en Granada, por calidades estéticas, complejidad iconográfica y tamaño; siendo solamente equiparable al de la Capilla Real. Este retablo, por sí solo, justifica la vista y dignifica aún más el monumento que lo alberga.

Abajo, a los lados, se yerguen en perpetua y serena oración las figuras orantes del Gran Capitán y su esposa; él vestido con coraza como guerrero victorioso; ella con velo, túnica y manto, como mujer recatada y piadosa.

En el crucero, al pie de la escalinata del altar mayor, se encuentran enterrados los pocos restos que quedan de los fundadores, bajo una sencilla lápida de mármol con la leyenda: “Los huesos de Gonzalo Fernández de Córdoba, que con su valor consiguió para sí el sobrenombre de Gran Capitán, están confiados a esta sepultura hasta que al fin sean restituidos a la luz perpetua. Su gloria, en modo alguno, quedó sepultada con él”.

Las paredes y bóvedas del templo están decoradas con pinturas de gran valor escenográfico y teológico que vinieron a completar aún más el discurso simbólico de este espacio inagotable. Forman un complejo y variado programa iconográfico, que va desde motivos del Nacimiento, Vida de Cristo y de la Virgen, vidas de Santos, el triunfo de la Eucaristía y de la Iglesia, etc., hasta personalizarse en el crucero con temas referentes al Gran Capitán.

×Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, mostrar vídeos, publicar en redes sociales y generar estadísticas sobre las visitas de nuestro sitio web. Al navegar o utilizar ciceronegranada.com, entendemos que aceptas nuestra política de cookies. Para saber cómo utilizamos las cookies y cómo puedes gestionarlas, lee nuestra política de cookies.