Alice Guy, la primera mujer cineasta rueda en el Sacromonte

Alice Guy, la primera cineasta del mundo, estuvo en Granada y se enamoró del Sacromonte. Tanto es así que grabó imágenes de los niños del barrio gitano que todavía hoy podemos disfrutar, sin que estas hayan perdido emoción y calidad artística, pero ¿quién fue Alice Guy y cómo llegó a Granada?  En Cicerone, te lo contamos con el entusiasmo de estar trabajando para una ciudad que ha sido cuna y fuente de inspiración para artistas de todo el mundo.

Quién es Alice Guy, una pionera del cine en un mundo de hombres

Hay personas que aceptan lo que les toca. Otras deciden que ellas son dueñas de sus vidas. Hay personas que imitan a quienes tienen éxito. Otras prefieren aprender e innovar.Avanzar. Alice Guy es de las segundas, de las que avanzaron, a pesar de los obstáculos que encuentran por el camino o los sacrificios que aquello supuso. La libertad y el sueño de hacer lo que de verdad le apasionaba merecían la pena. Pero, para ello, antes tuvo que encontrar su pasión. Ese empuje que le cambiara la vida. Y lo encontró.

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Hija de editores, en el año 1895 ya había conseguido formarse como secretaria. Trabajaba es un estudio de fotografía en París. Estaba contenta: podía valerse por sí misma y su jefe la trataba bien. Un día, este le pidió que le acompañara a una de las proyecciones privadas que los hermanos Lumière organizaban. Asistir a ellas era todo un privilegio: significaba que eras todo un personaje de la época. Los hermanos buscaban impresionar a las personalidades más influyentes, para que estos les ayudaran a popularizar su invento.

Alice Guy aceptó y aquello fue un antes y un después. Por entonces, el cinematógrafo era sinónimo de fotografía en movimiento. Nada de ficción, solo gente moviéndose. Alice se dio cuenta del potencial que aquella máquina tendría: podía usarse para contar historias que hablaran del corazón de la gente y que se quedaran en su alma. Esa misma noche, pidió a su jefe, amante de la vanguardia y socio del mismísimo arquitecto de la Torre Eiffel, que comprara un cinematógrafo para que ella pudiera aprender a usarlo en sus ratos libres. Él accedió. Ella aprendió e inventó el cine, el séptimo arte.

Alice Guy: cineasta y empresaria

Durante su aprendizaje, experimentó y se dio cuenta de que tenía razón: el dispositivo de los hermanos Lumière sería un medio de comunicación mucho más potente si se usaba para la ficción, si las historias contadas tenían una estructura narrativa que emocionara al espectador. Además, se podía manipular la cinta para crear efectos especiales que añadieran espectacularidad o, incluso, paraexplorar el cine documental, la ciencia ficción o la fantasía

Pudo llegar sola a estas conclusiones. Sin embargo, para llevarlas a la realidad, necesitaría convertirse en empresaria, socios, personas que confiaran en su idea, pero también en ella. Aquello significaba meterse de lleno en un mundo liderado por hombres, para convencerlos de que la apoyaran en algo que no había hecho nadie antes, ¿lo conseguiría?

Claro que sí. Tenía buenos contactos, se había criado en un ambiente liberal, y su convicción era imparable. La solidez de sus argumentos eran tales, que era imposible resistirse. Logró lo que quería: se convirtió en guionista, directora, montadora, productora y actriz de sus películas y viajó con ellas por todo el mundo. No se quedó en París, salió a Estados Unidos, donde quedaron alucinados, y recorrió Europa. Y cómo no, vino a Granada, como hicieron los escritores, poetas y pintores más importantes del siglo XIX y principios del siglo XX.

La cineasta Alice Guy en el Sacromonte

Si había un lugar histórico que encandilaba a esos artistas era el Sacromonte y el Albaicín. Veían en ellos algo que no se daba en ningún sitio del continente: la completa unión de la cultura árabe y gitana les resultaba conmovedora y sugerente, como si aquella gente atesorara una esencia secreta que los uniera a sus ancestros. Sus cuerpos, el suelo, el paisaje, las cuevas, las primeras zambras eran la encarnación de los últimos diez siglos.Cuando uno miraba aquel paisaje, veía la dureza, la miseria, pero también la vieja gloria de los árabes convertida en la música y danzas de los flamencos. La posterior alegría de vivir juntos en los márgenes; el duende gitano en las arrugas de los mayores, así como en la gracia de los pies descalzos de los más pequeños. Los niños se movían al son de la guitarra, aunque apenas supieran caminar.

Quizá por esto, Alice Guy prefirió el documental a la ficción. En 1095 grabó las primeras imágenes en movimiento jamás registradas de la Alhambra. Puedes verlas aquí mismo.

Las imágenes nos llevan a intuir que pueden estar en los miradores que siguen al Valle del Darro, donde las vistas a la Alhambra son inmejorables. Es inevitable sentir ternura cuando ves a la propia Alice rodeada de esos niños que revolotean como pájaros alrededor de ella, menos uno. Este se queda rezagado y mira directamente a cámara. Como si quisiera preguntarnos o decirnos algo con su mirada vieja. Una pregunta, un secreto, que no podemos escuchar. Un enigma que aún hoy está vivo. Esa es la magia del cine, ¿no? La de convertir un gesto fugaz en una pregunta eterno.

La historia de Alice Guy y el Sacromonte es una historia de primeras veces. El primer amor de la cineasta con el cinematógrafo, la primera mujer que lo usaba como directora, la primera persona que lo hacía con fines artísticos, la primera vez que el mundo veía la Alhambra a través del cine. Y todo ello, gracias a ser la primera que tuvo esa intuición, esa inspiración. No es de extrañar que eligiera Granada y la Alhambra. Son muchos los que han encontrado esa primera intuición aquí. Y tú, ¿te atreves a encontrarla?