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La novela se centra en la transición de la Granada musulmana a la cristiana con la conquista de los Reyes Católicos, y en cómo viven el proceso tres amigos: Yahya, Rodrigo y Samuel, cada uno de una religión, pero todos poetas.
En Aynadamar (La fuente de las lágrimas) Emilio Ballesteros ofrece, desde su experiencia profesional como docente, una aventura con dos tramas paralelas de final sobrecogedor a pesar de sus conocidas referencias históricas. Granada: finales del siglo XV y principios del XVI. La transición entre la ciudad musulmana y la cristiana es vivida de forma muy distinta por tres jóvenes amigos unidos por la poesía y separados por sus religiones: judaísmo, islamismo y cristianismo. En la misma ciudad, a finales del siglo XX, un profesor de historia encuentra una serie de documentos antiguos que le llevarán a descubrir, junto con un grupo de sus alumnos, algunas de las apasionantes y dramáticas experiencias que vivieron tres jóvenes granadinos de otra época...
Estracto:
"-Esto está cada vez peor para nosotros -decía Tarik, el padre de Yahya, a su vecino Omar mientras contemplaban abatidos las obras de demolición del alminar y parte del muro de una mezquita para convertirla en iglesia con campanario.
-Si nuestros propios alguaciles traicionan su fe y se convierten en cristianos, ¿quién va a quedar que permanezca fiel? -dijo Omar hundido, sin aliento.
-Quedaremos los verdaderos -replicó Tarik, sacando fuerzas de flaqueza y levantando un gesto de orgullo- . Esos alguaciles fueron puestos para nosotros, pero por los reyes cristianos, y son perros que se arrastran ante su amo. Por culpa de Hamet Uleylas el rey Fernando ha mandado al corregidor Diego López de Trujillo para que lo proteja en sus abusos para con sus hermanos de fe. Son más diligentes en el cobro de impuestos que los propios cristianos. Ellos son los primeros en denunciar a sus hermanos que ocultan bienes, sabiendo como lo saben que si no lo hacen acabarán por perderlos; denuncian la tenencia de armas blancas, que son las únicas con que podemos defendernos de las fanfarronerías y desmanes de la soldadesca cristiana.
-Y eso cuando no acaban convirtiéndose.
-Conversos o no, cada vez nos tienen más vendidos.
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